Literatura
Comencé escribiendo guiones de historietas, algunas de ellas editadas en la Revista Fierro hace tiempo, otras en revistas alternativas, la mayoría en Argentina y alguna que otra en Italia (con dibujos de Luis Lleonart —Maus—, y Pablo Rodríguez Jáuregui). Considero esa etapa la primera de mi formación como escritor, luego seguida de obras de teatro nunca montadas y cuentos nunca publicados. Mi primera novela se llama “Los turistas no tienen domingo”. Escribirla me llevó cuatro años de trabajo bastante intensivo y de un proceso de toma de decisiones que en los aspectos técnicos y formales que me fueron muy útiles en el futuro. Eso me permitió escribir la primera mitad de mi segunda novela, “Todavía no cumplí cincuenta y ya estoy muerto” en apenas una semana, y el resto en los seis meses siguientes. Esa novela fue finalista del concurso de literatura erótica “La sonrisa vertical” (hoy desaparecido) y me abrió numerosas puertas de editoriales. En el año 2001 viajé a Cuba y gracias a mi amiga y editora, Cecilia Infante, me contacté con la Agencia Literaria Latinoamericana, dirigida entonces por Jorge Timossi, que me tomo entre sus representados y vendió esa novela a la editorial Océano prácticamente al instante. Un tiempo después, gracias a gestiones de Cecilia Infante, “Todavía no cumplí cincuenta y ya estoy muerto”, fue vendida a Barataria de Barcelona, y editada en su serie Mar negro. Montada sobre dos subgéneros (serie negra y erótico), esta novela fue recibida por la crítica con cierto grado de desconcierto. Veamos:
“…el autor ha procurado que lo que se difumina en las sombras de la trama esté tan distorsionadamente evocado como en un retrato de Francis Bacon. Chiabrando pretende desazonar al lector y nos deja naufragar en la repulsión que produce su historia. Su lectura es una experiencia intensa, desagradable, de la que se regresa a la realidad como tras una fiebre o un coma”. (Arturo García Ramos, del diario ABC de España).
“La muerte, el sexo y la venganza son los tres ejes psicoanalíticos que marcan este inquietante libro, que hará las delicias de los que gustan de generosas dosis carnales dentro del género negro y donde Chiabrando despliega sin sutileza alguna toda su habilidad narrativa para tener un thriller desquiciente”. (La Gansterera”, de España).
“Chiabrando se asoma a un espacio poco visitado por la literatura latinoamericana, y que, sin embargo no se desaprovecha para colocar su talento a la altura de otras plumas europeas o norteamericanas: Todo un hallazgo en historia y desenlace”. (La revista Letras Emergentes, de México).
Algunos pensarán que son elogios y otros no. Al menos nos permite reflexionar sobre las múltiples lecturas posibles de una novela, aún si los lectores son críticos. Mientras se editaba “Todavía…”, escribí “Más grande que la vida”, que fue nuevamente finalista de “La Sonrisa Vertical”. “Más grande que la vida”, permanece aún inédita, a pesar de que llamó la atención de varios editores. Concretamente, iba a ser editada por Interzona cuando la editorial cambió de editor y de perfil. Ya le llegará su turno.
En el 2006 viajé a la Feria de La Habana a dictar un taller. Por entonces yo ya tenía avanzado un proyecto de libro a mitad camino entre el ensayo y el manual, un libro donde analizara el proceso de la escritura. Terminé el libro poco después de regresar de la feria. Se llamó (después de varios cambios de títulos), “Querer Escribir, Poder Escribir”, y fue editado por la editorial Oriente de Santiago de Cuba y presentado en la feria de la Habana 2007 por mí, el chino Eduardo Heras León y Aída Bahr, directora de la editorial. En la misma presentación de libro cerré la edición argentina con la gente de Corpus/Libros del Sur, que se dio durante el mismo 2007. Presenté ese libro ese mismo año en la feria de Venezuela (FILVEN), y en varios lugares del interior del país. De él la crítica dijo:
“Con Javier Chiabrando se engrosan las filas de autores nobles, incapaces de sentir mezquindad ante sus descubrimientos De escritores que leen a otros escritores y luego los comentan con admiración y agudeza, y de perspicaces lectores —artistas ellos mismos— que tras devorar centenares de libros son capaces de intuir los mecanismos del arte narrativo y tienen la bondad de compartirlos, se trata en estas líneas.” (Diario Juventud Rebelde).
“Querer Escribir, Poder Escribir” es un libro que sigue haciendo aún su camino, apareciendo acá y allá, en bibliografía de trabajos académicos o de talleres literarios de varios países de Latinoamérica.
Continuará.

