Pozo
(Editado en Pàgina 12, suplemento Rosario, el 11 de agosto de 2007)
Miguel Erbetta hacía pozos. Era habitual verlo salir de su casa de la calle Rivadavia entre Tucumán y la vía cargado de una pala y un pico. A veces llevaba baldes, sogas y una roldana. De ser necesario contrataba a un ayudante que en ocasiones era su propio hijo. En Colonia Venezia, si había que hacer un pozo, pensaban primero en Erbetta. No importaba si era un pozo ciego, de agua, aljibe o cañería. La mañana del día que un cólico renal lo mandó al hospital, Erbetta cargó en el carrito que arrastraba con su bicicleta dos palas, un pico, un balde, sogas y una roldana. Iba a la casa del gordo Operti, un vendedor de autos usados que tenía el berretín de tener un aljibe en el patio para que los pibes, su mujer y su cuñada (sobre todo, tenía una cabellera negra que le llegaba a la cintura) se lavaran el pelo con agua de lluvia. Erbetta cavó hasta las once y media. Había avanzado casi un metro cuando lo azotó un dolor tremendo. Como el de un parto, le dijeron los médicos. Era un cólico renal. (Cuento completo en: Pagina12.com.ar)










